Hubo un tiempo.
Una confesión intensa.
Un insoportable destino.
Fue un tiempo impreciso de amor sin nombres.
Los rostros umbríos de pasos inocentes.
Sobrevivían en territorios del destino.
Sin ningún temor.
Se imponía las ganas inventadas.
Para vivir en lo estricto y correcto.
Y hoy la luz alarga los días.
Agita los sueños.
Es difícil comprender el ilimitado azul de los números.
Francesca
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